Cubo de Rubik:



Quieren moldearnos, tenernos a su servicio, cambiar por completo los colores de nuestro interior e intentar que sean los colores que ellos quieren que sean. Tratan de convencernos de que somos el problema a solucionar, que no hay más que ver nuestras acciones para comprender que estamos equivocados en todo lo que hacemos y decimos, que somos un problema organizativo increíble, tan solo por tomar decisiones que crees que son correctas y, por supuesto, van contra los intereses de otros. Duro de aceptar, ¿verdad?

No existe el respeto, se desvanece la comprensión y arrodillarte ante lo que no crees es algo que jamás va a ocurrir. Se aprende que las personas nunca van a cambiar, no van a dejar de intentar amargarte los días como si de una estupidez se tratase, no dejan de revolverte el estómago como si tuvieras una nevera metida dentro, lo mismo sin saberlo pero provocándolo al hablar o con su sola presencia. No hay tratamiento para algo así, tan solo la espera de salir de una situación tan desesperante pronto, hacer un maratón para ser totalmente libre, dejar que el viento roce tus mejillas al salir de las puertas del infierno y conectar con la naturaleza misma para que calme cada parte de tu ser, ayudándote de agradables meditaciones y "stops" mentales que tú misma te impones.

Hay muchos cubos de Rubik que no pueden solucionarse porque sencillamente, no tienen un problema, quieren que sus colores sean los propios y no los que otras manos les moldeen. Tratan de crear robots que comporten beneficios a esta sociedad llena de borregos que no hacen más que ser títeres de lo que les mandan, lo que deben o no hacer, sin preocuparse de si también tienen sueños en mente que quieren cumplir. No pretendemos sentirnos atrapados y, mucho menos amargados en nuestro caparazón de vergüenza, de total inocencia y de pensamientos inconexos entre la pérdida de uno mismo y el servicio a los demás, como si observarse y cuidarse no formara parte de nuestra vida, pendientes siempre de los demás y de su control absurdo.

Tratamos de ser personas, encontrar el punto donde nos perdimos, donde dejamos de ser nosotros y visualizar oportunidades en el horizonte que nos hagan creer en la felicidad misma, no hace falta temer a nadie, ni siquiera a lo que puedan decir, el dinero es importante porque vivimos en una sociedad que nos lo ha inculcado así, porque sino, no nos haría ni falta y así muchos no serían tan avariciosos como para robar a otros. Debemos tener claros nuestros propósitos, saber dónde está nuestro lugar, enternecernos de lo que nos puede traer la naturaleza y sentirnos orgullosos de aliarnos a ella.

El destino impera, nos dice dónde está nuestro lugar, dónde nos empezaremos a sentir en nuestro hogar y cuando empezaremos a tener una vida. Comprenderemos que las críticas pasan y que dejan de importar, no son más que palabras que cruzan por tu lado sin siquiera tocarte, dejando al azar cualquier ápice de dolor, sin inmutarte lo más mínimo, cada uno que cargue con su cruz. Tratamos de solucionar cosas que no pueden solucionarse, de cambiar ideas que no se pueden cambiar y retener a quién quiere volar.

El miedo es natural cuando no sabes qué va a venir, cuando estás inseguro de que alguien se vaya para no volver, cuando te sientes tan perdido que gritar ya ha perdido el sentido. No hablemos, participemos del silencio y reconstruyamos el pilar básico de nuestra persona para dejar de repetir cosas que poco interesan y que cuando se juzgue, al menos, se tenga algo con lo que hacerlo. La prepotencia puede hacer que te caigas por un precipicio, que mires tanto hacia arriba que te tropieces y caigas de bruces, algo que me provocaría una risa descuidada. Prefiero ignorar aquello que me hace daño, fingimos que no existe y así sobrevivimos a la tormenta que puede quedarnos atrás, como otros muchos acontecimientos que han formado parte de nuestra vida y nos han hecho sentir abandonados, apartados de circunstancias en las que también tuvimos que ver y cuando se cruzan por nuestra mente nos damos cuenta de la poca importancia que hemos tenido.

No seamos cubos de Rubik que hay que ensamblar, no dejemos que nos traten como tal y cumplamos la promesa de ser personas y no muñecos de otro que quiera manejarnos. Seamos nosotros y no otro, convirtamos nuestra vida en algo mucho más grande que no sea la amargura que completa muchas vidas últimamente y tengamos en cuenta que vivimos para algo, no para joder a nuestro prójimo.



Espero que os haya gustado la reflexión que hacía tiempo que no hacía una. Un beso y un abrazo, lectores.

Comentarios

  1. Bonita metáfora. La verdad es que lo mejor es ser nosotros mismos siempre. Que nuestros cambios vengan porque nosotros queramos que sean así y no por alguna regla impuesta o por alguien que intenta implantárnoslos.
    Me ha gustado mucho.
    Un besillo.

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    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado, María. A veces, hay gente que cree que debemos llevar a cabo cambios que no tienen nada que ver con nosotros, esa era más o menos la reflexión.

      Gracias por tu comentario. Un beso.

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